miércoles, 24 de marzo de 2010

El camino hacia los 30 - 24 - 3 - 2010

Cuantas veces no he escuchado que las cosas son contingentes, que la vida se vive por momentos y no por historias, y que todas las cosas tienen un inicio y un fin. La realidad del ser humano es completamente existencial, siempre preguntándose un por qué y para qué; nos pasamos horas eternas reflexionando sobre lo que ya sabemos y no queremos aceptar, nos miramos unos a otros buscando una respuesta que no existe y sí existe no es válida para nadie.

Añoramos el pasado, malo o bueno es lo que tenemos; los recuerdos suelen ser la única cosa estable ahora, la fe, la esperanza y el deseo son metarrelatos que nos hemos creados buscando una idea emancipadora y universal que nos lleve a la felicidad, que nos otorgue el sentido que debe tener nuestras vidas para poder luchar; sin embargo me pregunto tantas veces ¿Sí tiene sentido esforzarse por lograr algo, para terminar como todos? “muertos”, desilusionados y frustrados porque nada de este mundo nos otorgo un poco de bien, y sí hubo algo de bienestar, aunque nos gustara ese confort, somos tan tontos que hacemos todo lo posible por mandarlo al diablo; es como si la misma contradicción tuviera como sinónimo las palabras “ser humano”

¿Dónde poder mirar hacia el futuro y qué este futuro tenga un poco de estabilidad? ¿Dónde encontrar un espacio donde me sienta identificado sin necesidad de fingir o huir de mi historia? No sé… No sé si cada uno construya su futuro o ya estemos predeterminados. Lo único que se, es que ya no quiero pensar en momentos, ya no quiero vivir con miedo y destruirme cada noche pensando en el mañana, sólo quiero “Sonreír y decir que la vida es bella…” estar al lado de la persona que amo y gozar del presente para despertar en su brazos y agradecer a Dios por la dicha de ponerme junto a ese ser tan especial y único que me ama.

La vida es tan corta, y aunque cada momento lo gozo, deseo construir una historia, pequeña tal vez, pero llena de satisfacción, sin odios o resentimientos, perdonando a quienes me han dañado y ayudando al necesitado; amando a quien me ama y comprendiendo al que me odia.

Casi 30 años, con una familia hermosa, con un hombre maravilloso a mi lado, con buenos amigos y un trabajo; sí muriera me iría feliz porque hasta esta momento he sido feliz.

Gracias a todos por estar conmigo y ayudarme a crecer, Gracias Marco, te amo.